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PREDICANDO EN LAS FRONTERAS: COMPARTIENDO LA FE CON TRABAJADORES EMIGRANTES (MACAO), Fr. Jarvis Sy O

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Con la familia dominicana, celebramos el centenario de la fundación de las Dominicas Misioneras del Rosario (1918-2018). Excelente ocasión de hacer memoria de esas mujeres valientes que, a lo largo de una centuria, han abierto caminos hacia nuevas presencias de acción misionera. Es la única congregación dominicana sirviendo en la Diócesis de Macao; su presencia data a principios de la década de los cincuenta, cuando las MM. Dominicas, que fundaron en la China continental, fueron expulsadas del país con todos los misioneros por el gobierno comunista. Mientras algunas hermanas recalaron en Filipinas y Taiwán, algunas se quedaron en Macao donde comenzaron su presencia prestando servicios en el seminario diocesano de San José.

LAICOS DOMINICOS EN JAPÓN: HISTORIA GLORIOSA, RENOVACIÓN EN MARCHA, por Fr. Mariano González OP

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Orígenes: época de los mártires (1600 -1640)


Los laicos dominicos en Japón han sido una parte integrante y activa de la Familia Dominicana desde el comienzo de la misión. A finales del siglo XVI, nuestra Provincia aceptó ayudar a los cristianos japoneses que estaban perseguidos y necesitaban sacerdotes. Al llegar al sur de Japón, los primeros misioneros dominicos se encontraron con una iglesia perseguida y con pocos sacerdotes pero, por otro lado, muy viva con muchísimos laicos, muy activos en la proclamación del Evangelio.

Por ello, una de las primeras cosas que hicieron nuestros misioneros fue establecer la Confraternidad del Rosario y comunidades de terciarios para respaldar la espiritualidad de muchos fieles celosos que querían seguir el carisma de dominicano de los misioneros. De ellas, las más famosa fue la organizada en Nagasaki, eran tantos los que deseaban entrar, que se tuvo que poner el límite máximo de 300 miembros por no haber lugar, ni tiempo para formar más.

Dadas las dif…

DOMINICOS PREDICADORES EN LA TIERRA DORADA DE LOS MENDICANTES (BIRMANIA), Phillip Soreh OP

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“Sus monjes se pasan el día trabajando; por eso son ricos. Los nuestros, en cambio, se pasan el día pidiendo; por eso son pobres”. Así me comentó una sencilla mujer budista que a menudo pasa por delante de nuestra casa para ir a su arrozal. Aunque no me parece una buena comparación la suya, sin embargo, no le falta algo de razón.

Nuestra casa dominicana en Loikaw, Myanmar, se yergue en una zona rural sin ningún otro edificio más alto a su alrededor. Es como un castillo en el desierto. Cerca de la casa hay un cementerio, y en ese cementerio hay un pequeño monasterio en ruinas en el que vive un monje budista. Cada día, a las seis en punto de la mañana, a la misma hora en que nuestros hermanos preparan el pan y el vino para la celebración de la Misa, el monje sale de su austera tienda, descalzo, con un recipiente en sus manos para mendigar su comida diaria. Siempre me recuerda nuestro origen 'mendicante'. Y a menudo me pregunto si yo tendría algo que comer si me dedicara a pedir …